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martes, 10 de enero de 2012

Querámonos.

Aunque sepamos que será la ruina, aunque veamos en nuestra bola de cristal las lágrimas que vendrán, aunque ya suenen los truenos y sepamos que los rayos llegarán, aunque nos digan, aunque nos cuenten mil historias de dolor, aunque nos cueste olvidar todo eso que sabemos que estará aquí, aunque nos olvidemos una vez por cada semáforo que vemos en rojo, aunque nos ahoguemos en el futuro, aunque nos amarguemos el presente pensando, aunque las consecuencias nos golpeen en el cráneo, aunque no queramos creer, aunque la vida se ponga tonta y no nos deje, aunque soñemos con lo derruido, aunque el silencio venga a comernos, aunque los pájaros nos miren mal cuando pasemos cerca, aunque la gente cuchichee al enterarse, aunque nos sintamos mal, aunque nos peguen y nos torturen, aunque nos cueste, aunque dejemos de creer que el amor existe cada viernes, aunque los sábados volvamos a tener ilusión y volvamos a caer de bruces en el duro suelo, aunque nos desmayemos, aunque no sepamos cantar en la ducha nunca más, aunque dejemos de vivir y de soñar, aunque juguemos al olvido cada tarde, aunque ya no bailemos, aunque no riamos, aunque el muro de Berlín se ponga por delante, aunque una guerra nuclear nos aplaste, aunque mis ojos y tus ojos ya no estén, aunque las almas se marchiten, aunque la afonía se haga crónica, aunque las montañas se hundan en el mar y ya no podamos nadar, aunque los huesos se nos astillen, aunque la Tierra deje de existir, aunque cada paso duela, aunque sintamos chinchetas en los pies, aunque las fuerzas nos traicionen, aunque la vida nos delate, aunque el corazón nos falle, aunque la distancia nos aprisione, aunque el peso nos moleste, aunque ya no podamos mediar palabra, aunque nos hiramos, aunque nos miremos. Aún así, querámonos. 


jueves, 4 de agosto de 2011

Manchas.

¿Sabes? A mi siempre me han gustado las manchas. Me gusta la gente con manchas, quiero decir, pero no por ser gente, sino por tener manchas. Siempre me han parecido atractivas. Si tienes manchitas en la cara, ñam, me encantas. Tampoco seamos exagerados, hay manchas que no son bonitas. Pero hay otras.. hay otras que son geniales. Esas que son un poco más claras que el resto de la piel de alrededor, no muy muy claras, pero si algo más que el resto de tu piel, esas me encantan, me apasionan, podría decir incluso, que me ponen. Hubo un tipo con manchas en mi vida, y aunque hace años que no lo veo, sigo acordándome de él, de lo genial de sus manchas, de lo diferente de su cara, de cuanto me gustaba. En fin, siempre me han gustado las manchas. Recuerdo que alguna vez hasta desee tenerlas. Desee ser igual de guay, igual de diferente que aquel muchacho al que todavía recuerdo. Y los deseos, a veces y sólo a veces, se cumplen. Ahora tengo yo esas manchas y no soy capaz de alegrarme, no me gustan. ¿Por qué? ¿Por qué no soy capaz de disfrutar con lo que un día yo desee?

lunes, 27 de junio de 2011

Tomar las riendas.

Maravilla de paz por silencio perfumada.

Esto no es sobre la paz, sobre el silencio o sobre los perfumes. Esto no va sobre frases de poetas escritas por la ciudad. Esto no va de maravillas, de cosas bonitas. Esto es sobre la vida. Sobre lo puta que es la vida.

Estoy harta de mi misma y eso hace que entre en una espiral que nunca termina, estoy harta de sentirme mal por cosas que no son tan importantes y de sobrellevar las cosas que si que lo son. Me gustaría que me quitaran el sueño otras cosas, pero, esto es lo que hay, me guste o no.
¿Qué voy a hacer? Intentar tomar las riendas. Las riendas de mi vida. Aunque es difícil, que lo es. Aunque es duro, que también lo es. Pero es que no puedo más. Es que llevo ya mucho tiempo sin cogerlas, sin pensar en lo correcto, guiándome por las emociones, por los instintos y no por la cabeza. Necesito encontrar la manera de volver, de situarme en un punto alto y visualizar toda mi vida, de dedicarle el tiempo necesario a cada aspecto, sin que sobre y sin que falte. Y tomar las riendas puede que signifique tomar decisiones arriesgadas, decisiones de las que nunca voy a estar segura. Decisiones duras al fin y al cabo.
No voy a dejar que esto siga por donde va. No voy a dejar que la gente siga aprovechándose de mi despiste, de mi tranquilidad, de mi falta de atención a mi propia vida.

Ya no tiemblo de frío ni me arden las entrañas. Ahora simplemente me siento vacía, llena de nada. Ya ni siquiera tengo ganas de luchar. Sólo aspiro a dormir por la noche, a que se me pase el mareo, a poder caminar por la calle sabiendo donde estoy. Sólo quiero deshacerme de lo absurdo e incoherente. Quiero ser quien fui, perdonarme a mi misma. Sobretodo eso, perdonarme. Estar enfadado con cualquiera es doloroso, cansa y da mucho la lata, pero estar enfadado contigo mismo es lo peor que te puede pasar. Tengo que perdonarme por todos los errores, prometerme que voy a aprender y a tenerlos en cuenta. Tengo que permitirme ser feliz, dejarme descansar y no vivir siempre alerta.

Y por favor, ya que te he dado lo que querías, déjame en paz. No vuelvas a sonreírme porque estoy cansada de la gente falsa como tu. Desear el mal ajeno sólo provoca el mal propio, y sino, tiempo al tiempo.

miércoles, 15 de junio de 2011

¿Cómo dices que se llama? ¿Mar?

Desde siempre me ha sorprendido la cara de asombro y de alegría que se le pone a la gente del interior cuando van a la playa, cuando ven el mar. Me sorprenden las ganas, la energía que tienen para preparar cualquier cosa, por loca que sea, con tal de tocar la arena y tostarse bajo el sol en una superficie que no sea de hormigón.

Supongo que crecer cerca del mar te hace sentir diferente, entender las cosas de distinta manera. Poder ver siempre que quieras una masa enorme de agua, poder hacerla tuya, poder zambullirte en ella, poder sentir el mar, la arena, la sal en tus labios,... siempre que lo necesites. Tener cerca el mar te da la estabilidad que nada más puede darte, nada te da su calma, su armonía con el mundo.

Quizá realmente te hace diferente ver el mar cada mañana, que esté ahí, contigo, siempre. Quizá sea lo que me falte, la única parcela de mi vida que aún no poseo. Quizá lo necesite más de lo que pienso. 

martes, 31 de mayo de 2011

Tres versos. Tres.

¿Te acuerdas?

Una vez escuché unos versos que me recordaron tristemente a ti. Los escribí en un trozo de papel que arranqué de cualquier sitio y lo llevé todo el tiempo en la mano. Esperé hasta el momento de verte y tú, simplemente, no apareciste.

Llegué a casa y seguía llevando aquellos versos en la mano, estaban escritos con la mejor letra que había sido capaz de hacer aquel día, estaba agotada. Busqué una chincheta en algún cajón y lo clavé en mi tablón de corcho.

Y ahí siguen.

Me gusta muchísimo quedarme embobada mirando el corcho. Hay muchos momentos de mi vida ahí reflejados. Me esfuerzo por plasmar todo lo importante en él, para que así, alguna de esas veces que me quedo contemplándolo fijamente pueda sonreír recordando algún momento maravilloso. Y ahora, esos versos que tu mano no cogió jamás, están ahí, clavados.

Ahora, cada vez que miro el tablón, me acuerdo de lo mucho que me recordaron a ti esos versos, de que los aprendí de memoria con sólo escucharlos una vez, de lo mucho que me esforcé en escribir con buena letra, en decorar el papelito con lineas de colores. Ahora, cada vez que vuelvo a recordar esos versos -nunca podré borrarlos de mi memoria- me acuerdo de aquella vez que te busqué y no estuviste. Aquella fue la primera vez, y entonces, todavía no concebía que después, vendrían muchas más.


Tu verdad no, la verdad
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela. 



Necesito odiarte.

Necesito odiarte.
Si si, lo necesito.
No me apetece nada la verdad.
Odiar a alguien es algo demasiado laborioso.
Enserio, no me apetece nada.

Lo siento, pero lo necesito.
Necesito ver tus fotos y tener ganas de matarte, necesito escuchar tu voz y querer pegarte para que te calles.
Nunca me ha gustado odiar, que yo sepa, no odio a nadie, pero esta vez, lo necesito.
Puede que mi odio no llegue al rango de odio, no creo que sepa odiar y con las pocas ganas que tengo no creo que vaya a aprender de la noche a la mañana. Pero necesito que me caigas mal, al menos, hacer como que te odio.
Necesito no volver a verte cerca de mi, pero te veré, sé que te veré cerca y que el instinto asesino aflorará.
Enserio, necesito odiarte. Necesito echarte la culpa de todo lo que está pasando.

Tu tienes la culpa. Sólo tú.
Y necesito gritar que es así, que tu eres la causante de esto y que te odio por ello.
Puta.
No tuviste suficiente todas las demás veces y has tenido que venir ahora.
Tu sabías que yo ya no te necesitaba, que todo lo que sentí por ti se había acabado, más o menos. Tu sabías que ya no me tenías, que ya no lo aguantaba todo. Y no pudiste soportarlo.
Tentaste a la suerte hace no mucho, y gané.
Y mi victoria fue lo que desencadeno esto ¿no?
No tenías suficiente con todas las demás veces. Necesitabas una última. Una definitiva.
Sabes que mi memoria escasea y no podías soportar que me costara enumerar cada una de las veces que me la jugaste.
Yo nunca he sido rencorosa y parece que tu adoras el rencor. Tu necesitabas que yo te odiara y a mi me eras indiferente.
Y decidiste que esto no podía continuar así.
Decidiste dar el golpe final.
Decidiste hacer lo que hace años sabías que podías hacer y aprovechar mis esperanzas, mi tranquilidad.
Buscaste el momento idóneo.
Me conoces. Me conoces, quizá, mejor de lo que yo pienso. Mejor de lo que tu misma piensas.
Y supiste cuando hacerlo. Supiste cuando.

Te odio. Quiero odiarte. Necesito odiarte.
Esto ha sido rastrero y ruin. La gota que colma el vaso. Esto ha sido el final, el final real. No quiero volver a dirigirte la palabra, ya no. No quiero que me vuelvas a mirar ni que pronuncies mi nombre. No quiero que vuelvas a escuchar a nadie hablar de mi y por supuesto no quiero escuchar hablar de ti. Quiero que desaparezcas, que te esfumes. Quiero olvidar que alguna vez fui completamente tuya. Quiero olvidar lo que todavía hoy recuerdo porque realmente me hirió. Quiero olvidar que existes, que exististe y que existirás.

Cruzo los dedos para que consigas lo que quieres y te vayas de aquí. Adiós.
Me olvidaré de ti. Dejarás de existir y dejará de alimentarte mi odio. Porque del odio es de lo único que se alimenta la gente como tu. Del odio de las victimas, del dolor, del sufrimiento.

Te quiero lejos y ya. Te odio.

lunes, 25 de abril de 2011

Esto es así.

Y donde dije si digo no, y donde dije punto ahora digo error.

Ilusa, confiada, idiota.

Acabo de escribir largo y tendido sobre esto, es más, incluso había publicado un fragmento de lo que quería escribir aquí, pero lo he borrado. Estas son las veces que peor lo paso, cuando ni siquiera me salen las palabras para definir como estoy y así al menos desahogarme. No tengo ni idea de que escribir y todo lo que escribo me parece horrible y para nada digno de lo que siento, así que me limito a borrarlo todo y a creerme más inútil cada vez. Inútil, inútil. A menudo me definen esas tres sílabas. I-nú-til, suena melódico en mi cabeza.
Estoy mal, esa es la verdad. El porqué es algo más complicado. Es una estupidez. Es mi culpa. Pero que lo sea no hace que me duela menos o que esté bien, es más, creo que hace que esté peor, que me sienta todavía más mal por ello, porque sé que es mi error. Soy una confiada, una ilusa. Llevo toda la vida siéndolo y no veo fácil cambiar, no voy a cambiar, no ahora. Y sigo mal. Sigo dando vueltas a las mismas palabras en mi cabeza, veo mi imagen diciendo lo que hoy son estupideces, y me siento una idiota, una completa idiota por creer lo que no es creíble y por confiar en quien no debía. No sé como voy a seguir con esto. Lo que ayer funcionaba bien hoy ni siquiera recuerda que funcionaba. Estoy asustada, y tengo frío. Frío del que se te mete en el cuerpo y ya no sale. Frío en la carne, en los huesos, en el pensamiento. Todo se ha llenado de frío de repente, y todo todo todo por mi, por ser como soy, por ser quien soy. Y sigo sin tener ni idea de como seguir, de como voy a levantar la mirada del suelo y sonreír otra vez.

·No tengo ni la más remota idea de que siento, pero tampoco sé que quiero sentir y eso es lo que más me aturde.

jueves, 14 de abril de 2011

Biopic. El hombre corriente.

Con cada cumpleaños, una responsabilidad más. Es la mejor frase que se me ocurre para empezar esta entrada, porque al fin y al cabo eso es lo que vengo a decir.
Si tienes alguien a tu cargo, hijos por ejemplo, cada cumpleaños suyo, una responsabilidad más para él, pero también para ti. Si hacéis las cuentas seguro que salen un montón de responsabilidades, y aún así, seguro que tenéis más porque también hay otros hechos en la vida que nos las regalan, no solo en los cumpleaños se reciben cosas.

Con 40 años y tres hijos las responsabilidades son más de sesenta, todo depende de la edad de los niños, pero en el caso del que os hablo, más de sesenta. Y estas son sólo las familiares. 

También existen las responsabilidades laborales, todas las que el trabajo nos aporta cada día; las de dinero, que son las que tenemos por el hecho de tener dinero, una cuenta en el banco, etc., también estas las de las propiedades, es decir las que nos regalan con las escrituras del piso, con el apartamento en la playa, etc., y además de las familiares existen también las genealógicas, que son una variedad de estas últimas e incluyen a toda la familia: madres, padres, abuelos, abuelas, tíos, tías, primos, primas, nietos, nietas, sobrinos, sobrinas, ... estas crecen sin que tengamos mucho control, ya que algunas nos las regalan al nacer y otras cuando nacen otras personas, porque cuando nace alguien, hay regalos para todos.

El recuento de todas las responsabilidades que tiene nuestro hombre con tres hijos debe ser abismal si consideramos que tiene alrededor de cuatro hermanos, cada uno de ellos con un hijo o hija, que tiene dinero en el banco, un trabajo y además al menos dos propiedades, sin contar las propiedades menores como tener un coche o un lavavajillas. 

Además de todo esto, el hombre también tiene una mujer con la que contrajo matrimonio hace nueve años, y sí, como podéis suponer, cada año de casado una responsabilidad más.

Nuestro hombre debería estar abrumado por todas las responsabilidades que tiene, pero realmente mucha gente vive así e incluso con más responsabilidades, y viven bien, lo que nos lleva a pensar que nuestro hombre, como ser humano que es, tienes estas responsabilidades porque puede hacerse cargo de ellas, por lo tanto, nada más allá de lo normal. Nuestro hombre continua siendo un espécimen normal en nuestra raza. Un español corriente y moliente. Y también podría ser chino, húngaro, cubano, estadounidense o filipino, pero es español. 

Tenemos al español, con mujer, hijos, dos propiedades (de las grandes), un trabajo, bastante familia y una cuenta en el banco. Tenemos a un hombre corriente. Y como las cosas normales no son dignas de mención, y nuestro hombre si lo es, vamos a hacer que deje de ser un hombre corriente. Para ello vamos a centrarnos en 15 de sus responsabilidades, las que ha ido acumulando desde agosto del 95, un pack de responsabilidades llamado hija

Esta hija podría haber sido un hijo, pero fue una hija. Esta hija es una hija normal, con dientes, piernas, brazos, cabeza, ojos y nariz, una hija corriente. Pero repito, como la hija corriente no sería digna de mención, vamos a hacer que deje de ser corriente mediante un cambio de situación.
La hija y la madre (que no es la mujer de las 9 responsabilidades, es otra de la que sólo llegó a tener 6) se van. Cuando el hombre corriente sólo contaba 3 responsabilidades en el pack hija, el pack mujer con 6 responsabilidades se llevó a la niña. Y al contrario de lo que pueda parecer, este cambio de situación otorgaría más responsabilidades al pack hija y no haría desaparecer totalmente el pack mujer, el cual lógicamente si se reduciría.
Un pequeño recuento. El hombre, después del cambio de situación, tiene unas 6 responsabilidades en hija y unas 3 en mujer.

Seguimos con la historia.
La niña, que con sólo tres años ya había regalado a su padre 9 responsabilidades, siguió creciendo, más o menos hasta las 12. Y llega el segundo y último cambio de situación hasta el momento. La niña y la madre se van de la ciudad. Un cambio así regala muchas responsabilidades al padre, ¿no creéis? Vamos a dejar de contarlas, porque desde luego, pasan de 15 que son las que la hija debería tener en función de sus cumpleaños, y tampoco es plan de ponerse tiquis miquis con una más o una menos. 

El caso es que el padre contrae muchas responsabilidades por el hecho de que su hija cumpla años, y otras muchas por que los cumpla en otra ciudad. 

La niña es una niña corriente, simplemente ve a su familia paterna en vacaciones. Hace su vida diaria en una ciudad y cuando tiene algunos días se escapa a la de su padre, a la suya de nacimiento.
La niña es una niña y no se le puede pedir más que eso. Que quiera mucho a sus padres ya es mucho cuando comienza la pubertad. Buenas notas, buenos modales. Una niña excelente.
Pero la niña llega a las 15 responsabilidades por cumpleaños. La niña, desde que era una niña, tiene muchas responsabilidades, más que cualquier niña de su edad. Pero aprende a vivir con ellas. Vive bien. Cuando alcanza las 15 propias, los 15 regalos de la vida, comienza a darse cuenta de cuantas responsabilidades ha contraído en su corta vida. Comienza a hacer recuento y realmente no le salen las cuentas. Hasta entonces ha vivido bien, pero se da cuenta de que ella ha recibido demasiadas. Se da cuenta de que tiene responsabilidades que no le pertenecen y decide comenzar a devolverlas a sus propietarios, quedarse con regalos ajenos no está bien y ella lo sabe.

Y aquí volvemos al hombre corriente. El hombre corriente se casó unos 9 años atrás con una mujer. Y le regaló la mayoría de sus responsabilidades. Puede que las únicas que se quedara fueran las del trabajo, porque en el título que le dieron al terminar la facultad aparece su nombre y parece ser que esas responsabilidades no se pueden regalar así como así, al menos no todas. Regalar a alguien todas tus responsabilidades es como regalarle tu alma, es regalarle todo lo que tienes, que es tu vida. Es regalarle cada cumpleaños, cada propiedad, cada familiar. 
El hombre corriente se las regaló todas. Las de su hija también. Las de la hija que había tenido con otra mujer. Y aquí empieza lo escabroso de esta historia: cuando alguien regala algo que no es suyo a otra persona. 


jueves, 31 de marzo de 2011

Explicación Biopic.

Mira que se dan casualidades en la vida..
Antes, cuando he vuelto de unas compras, me he puesto a escribir una cosa que rondaba por mi mente mientras venía en el coche, y como me ha quedado bien a mi parecer, he pensado en escribirla aquí, que hace mucho que no escribía.
Además de encender el ordenador para escribir eso, lo he encendido para buscar un término que mi profe de Ética dijo que buscáramos: "biopic". Lo he encontrado, y me ha gustado. Un o una biopic, no sé muy bien como decirlo, es una película biográfica, que se centra por lo tanto en la vida entera de un personaje principal.
En fin, que yo siempre he sido muy de montarme películas, de preguntarme como quedarían algunos momentos de mi vida grabados por una cámara, muchas veces he soñado con haber grabado ese momento y poder recordarlo siempre. Como por ahora no tengo intención de escribir mi biografía (jejeje) ni de que nadie haga una peli basándose en ella, voy a escribir aquí, que es más cómodo, más barato y deja más lugar a la imaginación.
La idea es escribir una serie de entradas que se llamen "biopic", unos textos en los que cuente como me siento o me sentí en algún momento. A veces daré detalles y otras veces dejarán más lugar a la imaginación de cada uno, porque aunque yo esto lo escribo para mi, tengo una vida, como todos, y puede que a veces escriba sobre cosas que puedan molestar a alguien.
Esta entrada la estoy escribiendo unos días después de escribir el primer biopic, pero es que justo después de escribirlo me tuve que ir y no me dio tiempo a escribir la explicación.
A ver si consigo escribir un biopic de vez en cuando, que me hace ilusión.

Saluuuuuuuuuudos :)

martes, 29 de marzo de 2011

Biopic 1.

Me encanta que hayas vuelto, y saber que te he echado de menos. Me encanta que hayas vuelto justo ahora, después de algún tiempo dándole vueltas a esto, y que haya sido mera casualidad, obra del destino. Me encanta saber más o menos donde vives, pero no tener realmente ni idea, que vivas lejos y que no tengas dinero. Me gusta saber distinguirte entre un millón con sólo una ojeada, y conocerte tanto como para saber el porque de cada uno de tus movimientos. Me encanta darme cuenta de que aunque no tengo nada de memoria, me acuerdo de ti, de ti en esencia. Me encanta tener claro a donde lleva esto, saber que sólo hay un camino posible, un camino que no me gusta, y aún así seguir porque me apetece. Me encanta soñar con finales alternativos, con cosas improbables, porque no me gusta decir imposibles, y creérmelas aunque sólo sea por un rato.
Me encanta volver a ser quien fui a tu lado, acordarme con una sonrisa de aquel tiempo y volver a leer tu nombre y sonreír.